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Hubo un tiempo en el que Catalina Serrano Vásquez pensaba que para escribir televisión tendría que marcharse de Bucaramanga. Bogotá parecía el primer destino inevitable; después vendría Los Ángeles. Si las grandes producciones ocurrían lejos, razonaba entonces, había que ir hasta donde se hacían las historias.
“Yo decía: ‘Nunca voy a ser guionista, ¿cómo voy a ser guionista desde aquí de Bucaramanga?”, recuerda.
Muchos años después, su propia trayectoria terminó respondiendo aquella pregunta.
Foto: Suministrada por Catalina Serrano
“Y pues la vida muchos años después me dice: ‘Sí, mi amor, sí puede ser guionista desde acá’. No pasa nada. Y llevamos 10 años escribiendo series, series nominadas y series que han tenido muy buen recibimiento”, cuenta Serrano.
'Juegan como niñas', producción de Tiempo de Series en la que Catalina participó como productora ejecutiva y guionista, recibió el reconocimiento a mejor película en los Premios Príncipe de los Páramos, cuya ceremonia se realizó el 5 de agosto en Bogotá.
La noticia llegó esa misma noche a Santander. El equipo no había podido viajar por compromisos laborales, pero la producción estuvo representada en la ceremonia por Mariale Aizpurúa, actriz protagonista de la serie, quien recibió el premio.
Foto: Suministrada por Catalina Serrano
La emoción tenía una razón adicional. El reconocimiento no solo premiaba una producción en la que Catalina había participado como guionista y productora ejecutiva; también significaba el primer galardón nacional de esta naturaleza para Tiempo de Series, la casa productora que ha construido junto con Mario Mantilla y con la que ambos han apostado por hacer televisión desde Santander.
Foto: Suministrada por Catalina Serrano
“Es el primer premio para todo nuestro equipo. Muchos de los que han trabajado con nosotros tienen reconocimientos porque son muy grandes profesionales, pero también esto es el primer premio así, nacional, de mejor película. Es increíble”, añadió.
Antes de convertirse en una serie premiada, 'Juegan como niñas' comenzó con una conversación entre amigos.
Foto: Suministrada por Catalina Serrano
Hablaban de escuelas de fútbol, de las experiencias de sus hijos y, especialmente, de las barreras que todavía enfrentaban las niñas que querían entrar a la cancha.
Allí, Mario Mantilla, creador y showrunner de la producción, encontró una historia.
“Mario estaba prestando mucha atención y dijo: ‘Eso es una historia, eso es una serie’. Y fue como: listo, ¿qué vamos a hacer?”, recuerda Catalina.
La respuesta fue salir a investigar. El equipo visitó escuelas de fútbol y conversó con jóvenes deportistas para conocer de cerca situaciones que luego alimentarían la ficción: niñas con talento que debían abrirse espacio en un deporte todavía atravesado por estereotipos, dificultades económicas que podían truncar una carrera y familias que seguían asociando el fútbol femenino con prejuicios sobre la orientación sexual o la manera en que una mujer debía comportarse.
Foto: Suministrada por Catalina Serrano
De esas conversaciones comenzó a tomar forma Ximena, una adolescente venezolana que llega con su familia a un barrio de Floridablanca buscando una nueva vida. A ella le apasiona el fútbol, pero cuando intenta acercarse al equipo del sector encuentra a un entrenador convencido de que las niñas no deben jugar y que su lugar está entre las porristas. Ximena decide entonces buscar a otras niñas del barrio y formar con ellas su propio equipo.
La cancha se convierte así en el punto de encuentro de personajes que enfrentan realidades distintas. La serie habla de amistad, migración, xenofobia, desigualdad y de las oportunidades que muchas veces se cierran antes de que una niña pueda demostrar su talento. Pero, sobre todo, cuestiona esas ideas que todavía pretenden definir qué significa ser mujer.
“Es una serie que habla sobre todos esos prejuicios: que las niñas no juegan fútbol, que si las niñas juegan fútbol entonces se hacen lesbianas, que las niñas deberían ser porristas”, explica Catalina.
Incluso el nombre de la producción nació de uno de esos estereotipos. Juegan como niñas toma una frase utilizada tradicionalmente para señalar debilidad o inferioridad y la convierte en una afirmación.
“Es que usted pelea como niña, usted corre como niña, usted juega como niña, como si lo femenino fuera una ofensa en lo masculino”, señala la profesora.
Por eso, explica, quisieron “darle la vuelta a esa expresión”: jugar como niña deja de ser un insulto cuando son ellas quienes entran a la cancha y cuentan su propia historia.
Foto: Suministrada por Catalina Serrano
Con esa propuesta, Juegan como niñas se convirtió en uno de los proyectos ganadores de Abre Cámara 2024 y posteriormente llegó a las pantallas de los canales públicos regionales del país. La producción fue concebida originalmente como una serie web de ocho episodios de diez minutos y posteriormente tuvo una versión de aproximadamente 80 minutos para televisión.
Detrás del reconocimiento hay también un equipo que Catalina reivindica como parte fundamental del crecimiento de la industria audiovisual regional.
Juegan como niñas fue creada por Mario Mantilla, David Carlier y Catalina Serrano Vásquez; la dirección estuvo a cargo de Isabel Martínez; Mayerly Cely asumió la producción, mientras que los guiones fueron escritos por Catalina Serrano y Smith Cuenca.
La producción contó, además, con la participación del reconocido actor Julio Pachón, así como de Juliana Posso, Paola García, Smith Cuenca y Tania Villamizar, entre otros intérpretes y jóvenes talentos.
Foto: Suministrada por Catalina Serrano
Buena parte del elenco estuvo conformado por actores de Santander, varios vinculados a procesos de formación teatral de la región.
Ese carácter regional también estuvo detrás de cámaras. Catalina destaca que el equipo técnico estuvo integrado por profesionales audiovisuales santandereanos con quienes han construido una relación de trabajo durante cerca de una década.
“Es un equipo con el que hemos venido trabajando desde hace 10 años que nos metimos en este cuento de hacer televisión”, afirma.
La serie fue grabada en Floridablanca, particularmente en el barrio Villa San Diego, haciendo del territorio no solo el lugar desde donde se produjo la historia, sino también parte de su identidad visual y narrativa.
El premio se suma a un recorrido que ha llevado a Juegan como niñas por diferentes escenarios nacionales.
En 2026, la producción fue nominada en la categoría Mejor Serie de Ficción Web de los Premios India Catalina, junto con Desocupe Masivo, Fábrica de Sueños, Pesca Brava y Rumbos Cruzados.
Para Catalina, aquella nominación ya había sido motivo de celebración, especialmente porque permitió encontrarse con otros realizadores de Santander.
“Fue maravilloso porque íbamos cinco santandereanos en diferentes categorías, colegas que además también trabajaron con nosotros”, recuerda sobre aquella experiencia.
Lo particular es que ninguno de estos reconocimientos estaba en los cálculos del equipo cuando terminó la producción.
“Si tú me preguntas la típica pregunta: ‘¿Se esperaba ese reconocimiento?’. No, sinceramente, no. La hicimos con mucho amor, la trabajamos un montón, nos esforzamos mucho para que quedara preciosa y lo que nos interesa mucho es que la gente la vea”, asegura.
Foto: Suministrada por Catalina Serrano
El premio tiene para Catalina otra dimensión cuando atraviesa las puertas de la Universidad de Santander.
Al encontrarse con sus estudiantes después de conocer el resultado, decidió contarles lo sucedido. Lo hizo para compartir la alegría, pero también porque entiende que su experiencia profesional puede convertirse en una referencia cercana para quienes hoy comienzan a imaginar su futuro en la comunicación y la producción audiovisual.

Foto: Suministrada por Catalina Serrano
Detrás de la anécdota hay una convicción más profunda.
“Yo creo que mostrarles a los estudiantes que gente de nuestra región, gente común y corriente, como la profesora que viene y les dicta clase, está haciendo esto, se está ganando premios los motiva más”, afirma.
Para Catalina, esos referentes próximos pueden hacer que una carrera en el audiovisual deje de parecer una posibilidad distante.
“Es como: ‘Ay, si mi profe pudo, si mi profe tiene esa experiencia y me puede ayudar…’”, explica.
No significa renunciar a mirar hacia los grandes referentes de la industria. Significa reconocer que también existen experiencias valiosas mucho más cerca.
“Buenísimo si algún día pudiéramos traerles un Steven Spielberg, por ejemplo, o una Amy Sherman-Palladino, sería divino, si podemos hacerlo algún día, pero mientras tanto también es como que no está tan lejos”, reflexiona.
Su propia historia es prueba de ello. La estudiante que alguna vez creyó que tendría que marcharse para convertirse en guionista es hoy una profesora que puede mostrarles a sus estudiantes una serie creada, escrita, producida y rodada desde Santander.
Y allí está, quizá, el mensaje que más le interesa dejar.
Foto: Suministrada por Catalina Serrano
“Es como: miren que se puede. ¿Tienes una historia? Ven, la contamos. ¿Quieres participar? Hagámosle. A veces se gana, a veces se pierde”, sostiene.
Para Catalina, el momento que vive el audiovisual santandereano también exige reconocer a quienes están construyendo industria desde el territorio: profesionales, productoras, actores, técnicos y nuevas generaciones que han demostrado que las historias regionales pueden circular y ser reconocidas en escenarios nacionales.
“Creo que es el momento de decir: ‘Dejemos de traer gente de afuera y empecemos a mirar qué tenemos aquí, porque desde las regiones se pueden hacer cosas que impactan a nivel nacional’”, concluye.
El galardón de Juegan como niñas, entonces, trasciende la estatuilla. Para Catalina Serrano Vásquez representa el resultado de una historia construida colectivamente durante años desde Santander; para sus estudiantes, puede significar algo más sencillo y quizá más poderoso: descubrir que el lugar desde donde empiezan a contar sus historias no determina hasta dónde pueden llegar.
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