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El campus de la Universidad de Santander (UDES) abre sus puertas al público con una ruta arqueológica que atraviesa sus edificios, corredores, y espacios comunes.
Se trata de ‘El Hombre de Barro’, una puesta en escena que invita a colombianos, santandereanos y a la comunidad académica a reflexionar sobre las formas de pensamiento, saberes técnicos y visiones cosmológicas de los pueblos indígenas que habitaron el territorio colombiano en tiempos prehispánicos.
Fotografía: Daniel Torrado
La iniciativa transforma la experiencia tradicional de visitar un museo. En lugar de concentrar las colecciones en una única sala, la muestra distribuye 105 vitrinas en distintos puntos del campus, permitiendo que quien se anime a recorrerlo se encuentren de manera espontánea con objetos elaborados por comunidades prehispánicas hace cientos e incluso miles de años.
"Las piezas que hoy se exhiben en los nichos y vitrinas de nuestros edificios no son simplemente objetos inertes ni reliquias del pasado. Son testimonios materiales activos de complejos sistemas simbólicos. Al sacarlas de la reserva técnica y disponerlas en los corredores cotidianos, buscamos generar un puente directo entre el conocimiento ancestral y la formación académica contemporánea. Es un recordatorio de que el ser humano no es dueño de la tierra, sino parte de ella”, señaló el maestro Edgar Pico, curador y diseñador museográfico de la exposición.
Y es que ‘El Hombre de Barro’ propone un viaje por las historias que permanecen impresas en la arcilla. El barro, considerado en diversas tradiciones indígenas como una materia vinculada al origen de la humanidad, se convierte en el hilo conductor de un recorrido que explora la relación entre el ser humano, la naturaleza y el territorio.
La experiencia inicia en el bloque que cada visitante elija. Una de las particularidades de esta ruta es que no existe una única manera de recorrerla. Cada edificio ofrece una mirada distinta a las culturas que habitaron el territorio colombiano y permite construir una experiencia propia de descubrimiento.
Quienes comiencen por el edificio Chibcha encontrarán figuras humanas elaboradas en cerámica que permiten reconocer aspectos relacionados con la organización social, la ornamentación corporal y las prácticas rituales de distintas culturas prehispánicas. Algunas piezas conservan detalles que hablan de tatuajes, deformaciones craneales y símbolos que reflejan complejas formas de entender el mundo.
Fotografía: Daniel Torrado
“Destacan las tradiciones cerámicas del sur andino como Nariño, Quillasinga y Cachulí, cuyas migraciones responden a los antiguos conflictos de expansión del Imperio Inca. Esta colección conecta la diversidad local con lo que conocemos como la América indígena”, explicó Edgar Pico.
Otros visitantes podrían sentirse atraídos por las vitrinas del edificio Motilón, donde pequeñas esculturas, botellones miniatura y recipientes de extraordinaria precisión revelan la habilidad técnica alcanzada por los antiguos alfareros. Allí también se conservan vestigios recuperados de la región del Catatumbo, en Norte de Santander.
En este espacio sobresalen además sellos, pintaderas y rodillos utilizados para decorar textiles, cerámicas e incluso el cuerpo humano, así como instrumentos vinculados al hilado del algodón.
Fotografía: Daniel Torrado
Uno de los aspectos más llamativos de esta sección es la presencia de animales que ocuparon un lugar central dentro de las cosmovisiones indígenas. El jaguar, la serpiente, las aves y la rana aparecen representados en distintas piezas como símbolos asociados al poder, la fertilidad, la sabiduría y la conexión entre los diferentes planos del universo.
Las vitrinas de este edificio acercan a los visitantes a las concepciones espirituales asociadas a la Sierra Nevada de Santa Marta. Las piezas reunidas en este espacio evocan el simbolismo del “corazón de la Madre Tierra” y reflejan la profunda relación entre las comunidades indígenas y el territorio.
El Carare como muestra de la riqueza patrimonial de la reserva arqueológica
Este espacio complementa la experiencia al reunir diversas expresiones de la tradición cerámica prehispánica que hacen parte de la reserva arqueológica del Museo Universitario UDES. Sus vitrinas permiten apreciar la diversidad de formas, técnicas y símbolos desarrollados por diferentes culturas del territorio colombiano.
La exposición adquiere un significado especial para la región en el edificio Guane, un espacio dedicado a las culturas prehispánicas que habitaron la Mesa de los Santos y la antigua provincia Guanentá.
Entre las piezas exhibidas sobresalen objetos procedentes de Guaca, Santander, cuya antigüedad ha sido establecida mediante estudios de carbono 14 en aproximadamente 2.040 años. Más allá de su valor histórico, estos vestigios permiten comprender cómo las comunidades que habitaron el territorio desarrollaron formas propias de interpretar la vida, la naturaleza y el universo.
Uno de los elementos más llamativos de esta sección son las múcuras de doble cuello, vasijas de gran complejidad técnica que continúan despertando interés por la precisión de su elaboración y por el simbolismo que encierran.
"Las múcuras muestran que la cerámica indígena no respondía únicamente a necesidades prácticas. Cada forma, cada detalle y cada composición transmitían ideas sobre el orden del mundo y la relación entre los seres humanos y su entorno", explica Edgar Pico.
Fotografía: Daniel Torrado
La colección también incluye recipientes abiertos y copas ceremoniales que, de acuerdo con las interpretaciones simbólicas de estas culturas, estarían asociados a la fertilidad, la gestación y la capacidad creadora de la naturaleza. Su presencia permite reconocer cómo los objetos cotidianos podían adquirir profundas dimensiones espirituales.
Otro conjunto de piezas que llama la atención corresponde a las urnas funerarias. Lejos de representar únicamente la muerte, estos recipientes reflejan concepciones ancestrales sobre la continuidad de la existencia y el tránsito hacia otros planos de la realidad.
"Estas piezas nos recuerdan que el territorio guarda memorias mucho más antiguas de lo que solemos imaginar. Son expresiones materiales de comunidades que desarrollaron conocimientos, tecnologías y visiones del mundo que todavía tienen mucho que enseñarnos", concluye Pico.
La invitación a recorrer ‘El Hombre de Barro’ está abierta para quienes deseen visitar el campus y descubrir este patrimonio. No hay un único camino ni un recorrido obligatorio. Basta con caminar, observar y dejarse sorprender por las historias que emergen de la arcilla.
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