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Cada vez que ocurre un sismo, además del movimiento del suelo también se produce otro fenómeno: la circulación masiva de información. En pocos minutos comienzan a difundirse teorías, advertencias y rumores relacionados con las posibles causas del evento o con supuestas predicciones sobre nuevos terremotos.
Muchas de estas creencias se transmiten de generación en generación, mientras que otras se viralizan rápidamente a través de redes sociales y plataformas digitales. Sin embargo, especialistas advierten que la desinformación puede generar miedo innecesario, decisiones equivocadas e incluso situaciones de riesgo para la comunidad. Por esta razón, comprender qué es mito y qué tiene respaldo científico se ha convertido en una parte fundamental de la cultura sísmica y la gestión del riesgo.
Una de las preguntas más frecuentes después de un sismo es si los terremotos pueden predecirse.
La respuesta de la comunidad científica es clara: actualmente no es posible determinar con exactitud cuándo ocurrirá un terremoto, ni establecer la fecha, hora y lugar específico de un próximo evento sísmico. Aunque existen estudios sobre comportamiento de fallas geológicas y acumulación de esfuerzos tectónicos, estos análisis permiten únicamente calcular probabilidades en escalas amplias de tiempo.
Los expertos explican que es importante diferenciar entre predicción y pronóstico probabilístico.
La predicción implicaría anunciar que un sismo ocurrirá en un lugar exacto, en determinada fecha y con cierta magnitud. Esto no es posible con la tecnología actual. El pronóstico probabilístico, en cambio, consiste en estimar la posibilidad de que ocurra un evento sísmico en una región durante periodos de varias décadas. Este tipo de estudios sí se utiliza para planificación urbana, gestión del riesgo y diseño de normas de construcción.
Otra creencia frecuente es que las lluvias intensas, tormentas o cambios bruscos de temperatura pueden desencadenar terremotos. Desde el punto de vista científico, no existe evidencia sólida que relacione directamente fenómenos meteorológicos con sismos tectónicos. Los terremotos se originan a profundidades de decenas o cientos de kilómetros bajo la superficie terrestre, donde los procesos atmosféricos no generan presiones suficientes para causar rupturas tectónicas. Especialistas aclaran que algunos fenómenos superficiales, como deslizamientos de tierra o colapsos de estructuras, sí pueden estar asociados a lluvias fuertes, pero esto no corresponde a un terremoto tectónico.
Los relatos sobre comportamientos extraños de animales antes de un sismo son frecuentes. Perros inquietos, aves desorientadas o ganado desplazándose de manera inusual suelen mencionarse después de eventos importantes. Aunque algunos animales podrían percibir vibraciones menores antes que los seres humanos, hasta el momento no existe un método científico confiable basado en comportamiento animal que permita predecir terremotos. Los investigadores señalan que estos comportamientos son difíciles de medir objetivamente y no pueden reproducirse de manera consistente como sistema de alerta.

Tras un sismo importante suelen circular mensajes que anuncian supuestas “alertas secretas”, predicciones exactas o advertencias sin respaldo científico. Este tipo de contenido puede generar pánico innecesario o provocar que la población pierda confianza en la información oficial. Por ello, las autoridades recomiendan consultar únicamente fuentes oficiales y observatorios sismológicos reconocidos para conocer información relacionada con actividad sísmica.
Aunque los sismos no pueden evitarse, sí es posible reducir sus consecuencias mediante preparación y medidas preventivas. Antes de un evento, especialistas recomiendan identificar zonas seguras dentro de viviendas, asegurar muebles y objetos pesados, preparar kits básicos de emergencia y conocer rutas de evacuación.
Los expertos coinciden en que el pánico representa uno de los mayores riesgos durante una emergencia, por lo que la preparación previa resulta fundamental.
La cultura sísmica no consiste únicamente en conocer términos técnicos. Implica desarrollar una actitud colectiva basada en la prevención, la información y la responsabilidad.
Una comunidad resiliente es aquella que:
Los sismos son fenómenos naturales asociados a la dinámica de la Tierra. Aunque no pueden predecirse con exactitud, sí pueden comprenderse y enfrentarse mediante educación, prevención y planificación. Distinguir entre mito y realidad permite tomar decisiones más informadas y evitar la propagación de desinformación durante situaciones de emergencia.
Por: Edwin Solano
Bucaramanga
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