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Sismos, resonancia y normas técnicas: cómo la ingeniería protege vidas ante un terremoto

  • Martes, 26 May 2026 15:36

Cada vez que ocurre un sismo, una de las preguntas más frecuentes entre la comunidad es por qué algunas edificaciones permanecen en pie mientras otras presentan daños importantes o incluso colapsan. Aunque muchas veces este comportamiento suele atribuirse a la “suerte”, especialistas señalan que la verdadera explicación se encuentra en la ingeniería y en la forma en que las estructuras fueron diseñadas y construidas.

La ingeniería sísmica es la disciplina encargada de estudiar cómo deben comportarse las edificaciones frente al movimiento del suelo generado por un terremoto. Su objetivo principal no es evitar completamente el movimiento de las estructuras, sino garantizar que puedan deformarse de manera controlada sin perder estabilidad ni comprometer la vida de las personas. De acuerdo con expertos en el área, un edificio correctamente diseñado no está pensado para permanecer rígido durante un sismo. Por el contrario, debe ser capaz de responder al movimiento del terreno, disipar energía y soportar deformaciones sin colapsar.

El desempeño de una estructura durante un evento sísmico depende de diferentes factores. Uno de los más importantes es la calidad del diseño estructural, ya que las edificaciones ubicadas en zonas sísmicas deben calcularse no solo para soportar cargas verticales, sino también fuerzas horizontales generadas por el movimiento del terreno. A esto se suma el uso adecuado de materiales como concreto reforzado y acero estructural, los cuales deben cumplir especificaciones técnicas precisas. Sin embargo, especialistas advierten que no basta con utilizar materiales resistentes: también es indispensable que sean correctamente diseñados, instalados y supervisados durante el proceso constructivo. Otro aspecto determinante es la configuración de la estructura. Edificios con formas irregulares, cambios bruscos de rigidez o pisos blandos pueden presentar un comportamiento desfavorable frente a un terremoto, aumentando el riesgo de daños severos. Asimismo, la calidad constructiva juega un papel fundamental. Incluso un diseño técnicamente correcto puede fallar si durante la construcción no se respetan planos, especificaciones o detalles estructurales. En muchos casos, la diferencia entre daños reparables y un colapso total está relacionada con errores de ejecución en obra.

Uno de los conceptos centrales de la ingeniería sísmica es el diseño sismo-resistente. Este enfoque parte de una premisa técnica y económica: no es viable diseñar todas las edificaciones para permanecer completamente intactas frente a cualquier terremoto posible. Lo que sí resulta obligatorio es garantizar que las estructuras no colapsen y protejan la vida humana. Por esta razón, las edificaciones modernas se diseñan para cumplir distintos niveles de desempeño. En eventos leves deben permanecer operativas; en sismos moderados se espera que presenten daños limitados; y ante terremotos severos, aunque puedan sufrir afectaciones importantes, deben conservar estabilidad estructural suficiente para evitar pérdidas humanas.

La aplicación de estos criterios está respaldada por normas técnicas que regulan el diseño y la construcción de edificaciones. En Colombia, el principal marco normativo es la Ley 400 de 1997, la cual establece la obligatoriedad de cumplir requisitos de resistencia sísmica en las construcciones. A partir de esta ley se desarrolló el Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente, conocido como NSR-10, documento técnico que define los criterios para calcular fuerzas sísmicas, especificar materiales, seleccionar sistemas estructurales y establecer los detalles constructivos mínimos requeridos. Especialistas destacan que estas normas no son arbitrarias. Por el contrario, representan décadas de investigación científica, análisis de terremotos históricos y evaluación de fallas estructurales ocurridas en diferentes países. Cada evento sísmico significativo aporta información que posteriormente es incorporada en actualizaciones técnicas y reglamentarias.

Dentro de los fenómenos estudiados por la ingeniería sísmica también se encuentra la resonancia estructural, un concepto clave para entender por qué algunas edificaciones experimentan movimientos más intensos que otras durante un terremoto. Toda estructura posee una frecuencia natural de vibración. Cuando las ondas sísmicas coinciden con esa frecuencia, el movimiento puede amplificarse considerablemente. El fenómeno suele compararse con un columpio: si los impulsos se realizan con el ritmo adecuado, el movimiento aumenta progresivamente. En el caso de los edificios, esta coincidencia entre el movimiento sísmico y la frecuencia estructural puede generar mayores deformaciones y daños. Por ello, el diseño sismo-resistente busca evitar configuraciones que favorezcan amplificaciones peligrosas. Además de las características de las edificaciones, la percepción de un sismo también depende de variables asociadas al propio evento. Factores como magnitud, profundidad, distancia al epicentro y tipo de suelo influyen directamente en la intensidad con la que el movimiento es percibido por la población.

Cuando ocurre un evento sísmico, los observatorios registran el movimiento mediante instrumentos especializados que generan gráficas conocidas como sismogramas. En estos registros se identifican las primeras ondas, el incremento progresivo de la vibración, el punto de máxima intensidad y la disminución gradual del movimiento. Aunque para muchas personas estas gráficas pueden parecer líneas irregulares sin significado, contienen información fundamental para analizar la energía liberada, la duración del evento y el comportamiento del terreno.

La información recopilada por los observatorios alimenta investigaciones científicas y estudios de ingeniería que posteriormente permiten actualizar modelos de cálculo y fortalecer los reglamentos de construcción. De esta manera, la relación entre ciencia e ingeniería se convierte en un proceso continuo orientado a reducir riesgos y mejorar la seguridad de las comunidades.

Especialistas coinciden en que la ingeniería sísmica no debe entenderse como un tema exclusivo de expertos o académicos. Su aplicación tiene impacto directo en viviendas, hospitales, colegios, puentes y demás infraestructuras utilizadas diariamente por la población.

Aunque los terremotos seguirán ocurriendo como parte de la dinámica natural de la Tierra, la ingeniería ha demostrado que es posible reducir sus consecuencias mediante diseño responsable, regulación técnica y construcción adecuada. Comprender conceptos como diseño sismo-resistente, resonancia estructural y normativas como la Ley 400 de 1997 y la NSR-10 permite reconocer la importancia de construir con criterios técnicos orientados a proteger la vida humana y fortalecer la resiliencia de las ciudades frente a futuras emergencias.


 Por: Edwin Solano


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