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Colombia atraviesa un momento determinante en la evolución de su sistema energético. Más que un escenario de crisis inmediata, el país enfrenta retos estructurales asociados a la planificación, ejecución y sostenibilidad de sus proyectos estratégicos, especialmente en el sector energético.
En este contexto, cobra relevancia el análisis de los llamados “elefantes blancos”, entendidos como proyectos que presentan retrasos, sobrecostos o limitaciones en su desarrollo.
De acuerdo con informes recientes de la Contraloría General de la República (2023–2024), en el país se han identificado 1.753 proyectos inconclusos, de los cuales 1.054 corresponden a esta categoría, con inversiones cercanas a $7,02 billones, mientras que otros 699 proyectos críticos suman aproximadamente $8,2 billones, alcanzando cerca de $15,2 billones en recursos comprometidos.

Figura 1. Proyecto Hidroituango durante su etapa crítica de construcción, asociado a fallas de diseño, retrasos y sobrecostos documentados en investigaciones técnicas, Antioquia, Colombia. Fuente: Deutsche Welle.
Un caso representativo es el proyecto Hidroituango, que, aunque actualmente aporta cerca del 10% de la energía nacional, ha enfrentado retrasos, sobrecostos y eventos críticos que evidencian los desafíos técnicos y de planificación en megaproyectos energéticos.
Más allá de lo fiscal: impacto en la seguridad energética
Aunque los “elefantes blancos” suelen analizarse desde una perspectiva económica, su impacto también se extiende al funcionamiento del sistema energético. En particular, los retrasos o fallas en proyectos de generación afectan directamente la capacidad del país para responder a la demanda futura.
Cuando una infraestructura energética no entra en operación según lo previsto, se genera un desfase entre la oferta proyectada y la demanda real. Esto reduce el margen de confiabilidad del sistema y aumenta la presión sobre las fuentes existentes.
En este punto, el MSc. Robinson Andrés Mancilla Estupiñán, coordinador de Especialización en Geotecnia Ambiental, indica:
“Cuando un proyecto energético se retrasa o falla, no solo se pierde inversión: se compromete la energía que el país necesitará en el futuro.”
Desde una perspectiva técnica, esto implica:
Así, los “elefantes blancos” dejan de ser un problema aislado de gestión pública y se convierten en un factor estructural que incide en la seguridad energética nacional.
El departamento de Santander desempeña un papel fundamental en la generación hidroeléctrica nacional, con infraestructuras como la Central Hidroeléctrica Sogamoso. A nivel regional, también se destacan proyectos estratégicos como la Central Hidroeléctrica de Chivor, localizada en el departamento de Boyacá, que en conjunto aportan significativamente al abastecimiento energético del país.
Figura 2. Central Hidroeléctrica Sogamoso, Santander, Colombia. Fuente: Wikimedia Commons.
Este contexto resalta la importancia de una planificación técnica rigurosa. En un sistema altamente dependiente de la hidroelectricidad, cualquier retraso o limitación en proyectos energéticos puede tener efectos directos sobre la estabilidad del suministro.
Análisis recientes del sector energético colombiano evidencian una situación que requiere atención técnica. Aunque los embalses presentan niveles entre el 70% y 80% de su capacidad, esto no garantiza por sí solo la estabilidad del sistema.
Esta aparente contradicción se explica por varios factores:
El resultado es un desbalance progresivo entre oferta y demanda, que reduce el margen de seguridad del sistema, incluso en condiciones hidrológicas favorables.
Un caso representativo de esta situación se presenta en el departamento de La Guajira, donde se concentra uno de los mayores potenciales de generación eólica del país.
A pesar de contar con condiciones naturales excepcionales para la producción de energía renovable, varios proyectos estratégicos en la región han presentado retrasos en su desarrollo, especialmente en lo relacionado con infraestructura de transmisión, licenciamiento ambiental y procesos de concertación social.
En particular, las demoras en la construcción de la línea de transmisión conocida como “Colectora” han limitado la incorporación de nueva capacidad energética al sistema interconectado nacional, con una capacidad estimada cercana a 1.000–1.050 MW de energía renovable que aún no ha podido ser transportada eficientemente desde la región de La Guajira.
Figura 3. Línea de transmisión Colectora 500 kV en el departamento de La Guajira, Colombia. Infraestructura destinada a transportar energía eólica hacia el Sistema Interconectado Nacional. Fuente: Ministerio de Minas y Energía / El Tiempo.
Desde una perspectiva técnica, este tipo de situaciones puede interpretarse como una manifestación contemporánea de los llamados “elefantes blancos”, no necesariamente por abandono de obras, sino por la incapacidad de materializar en tiempos oportunos proyectos estratégicos para el país.
Esto implica que una parte importante de la energía renovable proyectada para fortalecer el sistema aún no está disponible, lo que contribuye al desbalance entre oferta y demanda y refuerza los escenarios de déficit energético en el mediano plazo.
Según proyecciones del sector energético, podrían presentarse escenarios de déficit en los próximos años:
Estos valores no implican un apagón inmediato, sino una reducción progresiva en el margen de seguridad del sistema eléctrico. En términos prácticos, esto puede traducirse en:
Como lo señala el MSc. Robinson Andrés Mancilla Estupiñán:
“El país no enfrenta una escasez inmediata de energía, sino un desbalance progresivo que debe ser gestionado con planificación técnica y decisiones oportunas.”
El fenómeno de El Niño representa uno de los principales factores de riesgo para el sistema energético colombiano. Su ocurrencia puede reducir significativamente los niveles de los embalses y limitar la generación hidroeléctrica.
La experiencia histórica del país demuestra que estos eventos pueden generar escenarios de racionamiento si no se cuenta con una adecuada planificación y diversificación energética.
Desde una perspectiva académica, es importante precisar que no existe evidencia de apagones generalizados en el corto plazo. El sistema energético colombiano mantiene condiciones de operación estables y cuenta con mecanismos regulatorios que permiten mitigar riesgos.
No obstante, se identifican dos riesgos estructurales:
Frente a la inquietud sobre posibles afectaciones económicas, el análisis técnico permite afirmar que:
Esto indica que no se configura un escenario de afectación inmediata para la población, aunque sí se requiere una gestión eficiente y responsable a nivel institucional.
El papel de la academia: anticipar y proponer soluciones
Desde la Universidad de Santander, en sus programas académicos relacionados con el sector energético:
-Programa Ingeniería en Energías, Maestría en Recursos Energéticos y Doctorado en Recursos Energéticos Renovables. En ese sentido, la Universidad promueve la generación de conocimiento científico orientado a la comprensión y solución de estos desafíos.
La academia contribuye mediante:
Universidad de Santander UDES. Vigilada Mineducación.
Resolución otorgada por el Ministerio de Educación Nacional: No. 6216 del 22 de diciembre de 2005 / Personería Jurídica 810 de 12/03/96.
Institución sujeta a inspección y vigilancia por el Ministerio de Educación Nacional. Resolución 12220 de 2016.
Notificaciones administrativas y judiciales:
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