Herramientas de Accesibilidad

Comunicaciones

Marcelina Panqueva, la mujer de 86 años que transformó su hogar con el apoyo del proyecto Espacios Seguros de la UDES

  • Destacado
  • Viernes, 06 Noviembre 2026 09:24
Fotografía: Suministrada

A los 20 años, Marcelina Panqueva Flórez supo, por primera vez, lo que era perder su casa. La violencia bipartidista en Málaga, Santander, se la arrebató. La zozobra de la tragedia obligó a su familia a empacar toda su vida en un par de maletas, y buscar un refugio en la capital del departamento.

Justo en ese momento, Marcelina supo que lo único que quería conseguir en la vida era un hogar para los suyos. Este sueño la mantuvo en vela durante más de 70 años, en los que, arrodillada, le pedía a Dios y a la virgen un sitio para descargar las maletas, para habitar con la certeza bajo sus pies de que esos cimientos eran suyos.

Cuando creyó que lo había conseguido, en 2010, una avalancha le arrebató las esperanzas. Su casita hecha de tablas se vino abajo con la de varios vecinos en el barrio Brisas de Provenza, en Bucaramanga. Esta vez, Marcelina vio en la mirada de sus hijas la misma pesadumbre de la suya cuando perdió su hogar en la provincia García Rovira. La historia se repetía.

“Nos quedamos con lo que teníamos puesto. Uno nunca se imagina esa situación. Perder todo y verlo correr río abajo”, cuenta Marta Janeth Martínez Panqueva, la primera de los seis hijos de Marcelina.

Aunque un subsidio de arriendo los acompañó por tres escasos meses, la incertidumbre de tener un lugar ‘dónde esconder la cabeza’, los persiguió cada día, en las pesadillas matutinas.

Hasta que el ahínco por salir adelante, los obligó a parar en el mismo lote una casita nueva.

“Después de los tres meses no nos dieron más oportunidad de arriendo. Entonces nos fuimos otra vez para el lote, volvimos y armamos la casita”, confesó Marta.

Pero Marcelina sabía que lo que el agua reclama siempre será suyo. Por ende, aquellas tablitas seguirían siendo ‘pan comido’ para la corriente del fenómeno de La Niña. De manera que cada lluvia azuzaba su corazón de madre, que esperaba otra tragedia.

La esperanza de cambiar aquellas paredes de madera llegó años después, de la mano de la Fundación Mujer y Hogar y el proyecto Viviendas Saludables, una iniciativa que cuenta con el acompañamiento de la Universidad de Santander (UDES), a través del programa de Ingeniería Civil y la Vicerrectoría de Extensión.

WhatsApp_Image_2026-11-06_at_9.38.30_AM_1.jpegFotografía: suministrada

Marcelina, quien participaba con entusiasmo en las actividades de la fundación, recibió la noticia que durante tantos años había esperado: tendría una vivienda prefabricada.
Al principio, Marta no podía creerlo. Cuando su madre le contó que le regalarían una casa, pensó que se trataba de una ilusión. Pero la promesa comenzó a tomar forma y pronto tuvieron que preparar el terreno donde se levantaría su nuevo hogar.

Para construir la base de la vivienda, Marta organizó una rifa y buscó el apoyo de sus amigos. Su trabajo en el sector del calzado, al que ha dedicado 45 años de su vida, le permitió conocer personas que se sumaron a la causa.
Así, entre esfuerzos propios y manos solidarias, las tablas que durante años habían servido de refugio comenzaron a dar paso a una casa prefabricada.

Sin embargo, tener un techo no significaba que las dificultades hubieran terminado. Con el paso del tiempo, los materiales comenzaron a ceder ante los años y aparecieron nuevas necesidades que la familia no tenía los recursos para solucionar.

Fue entonces cuando surgió una segunda oportunidad.

Espacios Seguros: una segunda oportunidad para las viviendas

Desde 2019, el programa de Ingeniería Civil de la UDES acompaña a la Fundación Mujer y Hogar en la construcción de viviendas prefabricadas para familias del barrio Brisas de Provenza. Hasta el momento, mediante el proyecto Viviendas Saludables, se han construido 14 casas, habitadas en promedio por cinco o seis personas.

Pero las visitas a la comunidad permitieron identificar una realidad que iba más allá de la entrega de las viviendas: algunas de las construcciones comenzaban a presentar deterioros ocasionados por las condiciones climáticas, el uso cotidiano y el paso de los años.

WhatsApp_Image_2026-11-06_at_9.41.51_AM_1.jpegFotografía: suministrada

“No es tanto el hecho de ir, donar una casa, salirnos y decir: ‘Muchas gracias, ya hicimos el trabajo’”, explica José Daniel Ardila, ingeniero metalúrgico y docente del programa de Ingeniería Civil de la UDES.

De esta preocupación nació Espacios Seguros, una iniciativa de la Fundación Mujer y Hogar, acompañada por la Vicerrectoría de Extensión y el programa de Ingeniería Civil, que busca mejorar las condiciones físicas de las viviendas previamente entregadas.

Para determinar cuáles necesitaban una intervención, docentes y estudiantes de la Universidad diseñaron un instrumento de evaluación que les permitió analizar cinco componentes: cubiertas y techos, puertas y ventanas, instalaciones eléctricas, instalaciones hidrosanitarias y muros.

Con esta herramienta examinaron 18 viviendas ubicadas en distintos sectores y establecieron un índice de vulnerabilidad física para cada una.

Entre las casas evaluadas, la de Marcelina presentó uno de los resultados más preocupantes: un índice de vulnerabilidad alto.

WhatsApp_Image_2026-11-06_at_9.41.52_AM.jpegFotografía: suministrada

La vivienda que años atrás había significado el cumplimiento de un sueño necesitaba una nueva intervención para conservar sus condiciones de habitabilidad.

Con el diagnóstico en mano, la Fundación Mujer y Hogar inició la gestión de los recursos económicos. Durante aproximadamente dos meses, buscó el apoyo de organizaciones y aliados, entre ellos Coinversiones, para financiar las adecuaciones.
Mientras tanto, desde el programa de Ingeniería Civil ya se había elaborado el presupuesto y definido las obras necesarias.

La casa de Marcelina estaba a punto de cambiar nuevamente.

Una transformación que fue más allá de las paredes

Las obras incluyeron el cambio de tejas, la instalación de pisos en cerámica, puertas y ventanas, el mejoramiento de las instalaciones hidrosanitarias, la pintura de paredes y techos, y la impermeabilización de los módulos prefabricados. En cada una de estas labores participaron estudiantes del programa de Ingeniería Civil de la UDES, quienes trasladaron los conocimientos adquiridos en las aulas a una experiencia de trabajo con la comunidad.

“Ellos nos pintaron, nos pusieron el piso, las puertas, las ventanas, ellos nos ayudaron muchísimo”, recuerda Marta, quien también destaca la participación del profesor José Daniel Ardila en los trabajos de pintura y adecuación.

Para los estudiantes, la intervención representó una oportunidad de aplicar sus conocimientos en un contexto real. Para Marcelina y su familia, significó volver a descubrir su propia casa.

Las paredes que nunca habían tenido pintura comenzaron a vestirse de azul y blanco. El suelo, antes marcado por las limitaciones de la vivienda, quedó cubierto de cerámica. Las nuevas puertas y ventanas terminaron de transformar los espacios que la familia había habitado durante años.

“Nunca soñábamos con tener una casa así”, confiesa Marta.

WhatsApp_Image_2026-11-06_at_10.27.17_AM.jpegFotografía: suministrada

La transformación también cambió la manera en que la familia disfruta su hogar. Marta, quien se encarga del cuidado de su madre, encontró nuevas razones para organizar las habitaciones, decorar los espacios y mantener cada rincón en orden.

“Ahora sí estamos motivados porque el piso es muy bonito, el piso es blanco, las paredes nunca habían tenido una pared pintada”, cuenta con entusiasmo.

Para ella, las adecuaciones tienen un significado especial. Marcelina sufrió años atrás una fractura de cadera que limitó su movilidad y la obligó a depender del acompañamiento de su hija para realizar distintas actividades.

Aunque logró volver a caminar después de su recuperación, Marta continúa pendiente de sus necesidades. Incluso organiza sus jornadas de trabajo para poder acompañarla y duerme en la misma habitación para atenderla durante la noche.

“Yo duermo con ella en la noche y ya después de que ella se me cayó, yo no la dejo sola”, explica.

Por eso, contar con espacios más organizados y en mejores condiciones representa una mejora importante en la vida cotidiana de ambas. La alegría de la familia también llegó hasta Estados Unidos, donde uno de los nietos de Marcelina decidió contribuir con el mobiliario de la vivienda.

Con su ayuda llegaron camas, sala, comedor, nevera y cocina. Los espacios recién adecuados comenzaron a llenarse de muebles que, durante años, habían parecido inalcanzables.

Para Marta, acostumbrada a cuidar cada objeto y mantener su casa impecable, recibir aquellos muebles fue otra sorpresa que nunca imaginó vivir

Un proyecto que continuará llegando a más familias

La intervención de la vivienda de Marcelina fue la primera experiencia desarrollada bajo el proyecto Espacios Seguros, cuyos resultados motivaron a las organizaciones participantes a proyectar nuevas adecuaciones.

Según el profesor José Daniel Ardila, la intención es continuar aplicando el instrumento de evaluación, realizar visitas técnicas y elaborar mapas de vulnerabilidad que permitan identificar las viviendas con mayores necesidades.

WhatsApp_Image_2026-11-06_at_9.41.51_AM.jpegFotografía: suministrada

Actualmente, la Fundación Mujer y Hogar acompaña a un grupo de aproximadamente 35 familias, entre las cuales se espera continuar desarrollando las intervenciones de manera progresiva, de acuerdo con los diagnósticos y los recursos disponibles.

“Lo que tenemos proyectado es volver a hacer análisis de vulnerabilidad a otras viviendas y hacer el mismo ejercicio. La idea es impactar a toda la comunidad de ese barrio y sus alrededores”, señala el profesor.

Este trabajo también permite que estudiantes de octavo, noveno y décimo semestre de Ingeniería Civil participen en actividades de reconocimiento del terreno, replanteo, instalaciones hidrosanitarias y procesos constructivos, fortaleciendo su formación mediante experiencias de proyección social.

Mientras Viviendas Saludables continúa con la construcción de nuevas casas, Espacios Seguros busca que las familias que ya recibieron una vivienda puedan conservarla en mejores condiciones.

WhatsApp_Image_2026-11-06_at_9.41.52_AM_1.jpegFotografía: suministrada

En Brisas de Provenza, ese propósito ya tiene un rostro: el de Marcelina, quien a sus 86 años ha visto cómo su casa cambia por segunda vez gracias al trabajo de quienes decidieron acompañarla.

Ahora, Marta tiene un nuevo proyecto. Quiere arreglar la entrada, sembrar más plantas y convertir el pequeño espacio frente a su vivienda en un jardín. Le gustan las flores y sueña con que, para diciembre, la casa esté tan bonita por fuera como ha quedado por dentro.

Después de tantos años de pérdidas, mudanzas y paredes levantadas con lo poco que tenían, Marcelina puede descansar en su habitación mientras su hija se ocupa de las plantas, de los muebles y de esos pequeños detalles que antes parecían lejanos.

Esta vez, las maletas que llegaron desde Málaga no tienen que estar listas para partir. Por ahora, en la casa de Marcelina, hay más motivos para sembrar flores que para volver a empacar.


 Escrito por: Juliana Peña


Últimas Noticias


Image
Logo o escudo de Universidad de Santander UDES - Con acreditación de Alta Calidad (Bucaramanga)
Servicios
Sistema Génesis Sistema Galileo Directorio telefónico ¿Qué quieres estudiar?