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El 'enemigo invisible' que deja la minería ilegal en el páramo de Santurbán: esta es la reacción química que contaminaría el agua durante siglos

  • Destacado
  • Martes, 28 Julio 2026 12:06
Fotografía: Comunicaciones UDES

Mientras las imágenes de la minería ilegal muestran túneles, tierra removida y montañas intervenidas, bajo la superficie ocurre un proceso mucho menos visible y, para los científicos, uno de los más preocupantes: el drenaje ácido de mina.

Expertos de la Universidad de Santander (UDES) explican por qué esta reacción química puede mantenerse activa durante décadas, cómo afecta la calidad del agua y qué hace del complejo de páramos Jurisdicciones–Santurbán–Berlín un ecosistema especialmente vulnerable. Cuando una explotación minera ilegal termina, es común pensar que el impacto ambiental termina con ella.

Sin embargo, la ciencia demuestra que algunas de las transformaciones más profundas apenas comienzan cuando cesa la extracción.

Bajo la superficie, las rocas expuestas durante la actividad minera continúan reaccionando con el agua y el oxígeno. Es un proceso silencioso, imperceptible para quien observa el paisaje, pero capaz de modificar la química del agua durante décadas e incluso siglos.

Los especialistas lo conocen como drenaje ácido de mina, un fenómeno que volvió a ocupar la atención pública tras las recientes investigaciones periodísticas sobre los impactos de la minería ilegal en el complejo de páramos Jurisdicciones–Santurbán–Berlín.

La preocupación no es nueva. Dos años antes de que las recientes investigaciones periodísticas volvieran a poner el foco sobre la minería ilegal en Santurbán, entidades del Estado ya advertían sobre este fenómeno.

En enero de 2023, el Servicio Geológico Colombiano, el Ministerio de Minas y Energía y la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) publicaron el informe Interacción del ciclo del agua con la actividad minera en la cuenca La Baja del municipio de California, Santander, páramo de Santurbán.

Allí alertaron sobre una "bomba de tiempo de contaminación química" en los túneles Veta de Barro y La Perezosa, donde los análisis hidrogeoquímicos detectaron un flujo constante de agua con un pH promedio de 3,2, un nivel de acidez extremo asociado a la exposición de materiales con azufre al oxígeno y al agua dentro de las minas.

Aunque el término suele aparecer en informes técnicos, pocas veces se explica qué significa realmente.

¿Por qué una mina puede seguir contaminando el agua mucho tiempo después de haber sido abandonada? ¿Qué ocurre dentro de las rocas? ¿Y por qué este proceso preocupa especialmente en un territorio del que depende el abastecimiento de agua de millones de personas?

Foto: Banco de imágenes/ Universidad de Santander

Una reacción que comienza dentro de la roca

Para Patricia Plata, coordinadora de Gestión Ambiental e ingeniera ambiental de la Universidad de Santander (UDES), el drenaje ácido de mina tiene un origen químico relativamente sencillo de explicar, sin embargo, sus consecuencias son complejas.

“El drenaje ácido de mina es básicamente lo que pasa cuando la roca que se saca en la minería, que tiene sulfuros, se expone al agua y al oxígeno. Se genera una reacción química que produce ácido sulfúrico y eso empieza a disolver metales pesados que estaban quietos ahí dentro”, dijo

En condiciones naturales, muchos de esos minerales permanecen estables durante miles de años dentro del subsuelo.

La excavación rompe ese equilibrio. Una vez las rocas quedan expuestas, el contacto permanente con el aire y el agua desencadena una reacción que incrementa la acidez y facilita que elementos presentes de forma natural en la formación geológica comiencen a movilizarse con el agua.

Es un proceso que no necesariamente produce cambios visibles de inmediato. La montaña puede parecer la misma mientras, lentamente, el agua modifica su composición química y transporta esos elementos hacia quebradas, ríos o corrientes subterráneas.

Lo que convierte al drenaje ácido en uno de los mayores desafíos ambientales no es únicamente su capacidad de contaminar, sino su persistencia.

"El problema grave no es solo que el agua se vuelva corrosiva, sino que ese proceso no se detiene fácilmente. Puede durar décadas, incluso siglos, contaminando fuentes hídricas río abajo"

 En otras palabras, el cierre o abandono de una explotación no garantiza que el fenómeno desaparezca. Mientras continúen existiendo agua, oxígeno y minerales expuestos, la reacción puede mantenerse activa.

Cuando el agua cambia, cambia todo el ecosistema

Las consecuencias van mucho más allá del color o la apariencia del agua. La acidificación altera las condiciones necesarias para la vida de numerosas especies acuáticas y favorece la movilización de metales que afectan el equilibrio natural de los ecosistemas.

Foto: Banco de imágenes/ Universidad de Santander

“Lo que vemos es una mortandad total de fauna acuática, suelos infértiles y una afectación directa a los ecosistemas que dependen de esa agua”, señaló.

El impacto tampoco termina en el ambiente. Cuando esos contaminantes alcanzan las fuentes utilizadas para abastecimiento humano, el problema adquiere una dimensión sanitaria.

Patricia Plata explica que los principales contaminantes corresponden a tres grupos: metales pesados, sedimentos y una elevada acidez acompañada por sulfatos.

“Los contaminantes que se liberan son básicamente tres grandes grupos: metales pesados como arsénico, plomo, cadmio y mercurio; sedimentos y sólidos en suspensión; y una acidez alta que viene acompañada de sulfatos”

Los metales pesados representan una preocupación especial porque pueden acumularse en los organismos vivos y permanecer durante largos periodos en el ambiente.

“Los metales pesados son bioacumulables, eso significa que entran al cuerpo, no se eliminan fácilmente, y a largo plazo generan daños neurológicos, renales e incluso cáncer”, añadió la experta.

¿Por qué Santurbán hace especial este fenómeno de ‘drenaje ácido’?

Hasta aquí, la química explica cómo se produce el drenaje ácido de mina. Sin embargo, para dimensionar sus posibles efectos también es necesario comprender el territorio donde ocurre.

Foto: Banco de imágenes/ Universidad de Santander

Para Robinson Andrés Mancilla Estupiñán, PhD. y coordinador de la Especialización en Gestión Ambiental en la Industria Minera y Petrolera de la Universidad de Santander (UDES), el complejo de páramos Jurisdicciones–Santurbán–Berlín no es únicamente una zona de alta montaña, sino un ecosistema que desempeña un papel esencial en la regulación del agua.

"El verdadero valor de Santurbán no está únicamente en el oro que guarda su subsuelo, sino en el agua que hace posible la vida de millones de colombianos".

El investigador explica que este sistema natural está conformado por frailejones, turberas, humedales y suelos con una extraordinaria capacidad para captar, almacenar y liberar agua de manera gradual hacia quebradas, ríos y acuíferos. Esa regulación hídrica es la que garantiza el abastecimiento para miles de personas y el equilibrio ecológico de buena parte del nororiente colombiano.

En ese contexto, añade, procesos como el drenaje ácido de mina adquieren una dimensión diferente, porque no solo modifican la calidad del agua, sino que pueden afectar un sistema natural diseñado para distribuirla a lo largo del territorio.

“Reducir esta realidad a un simple 'agua versus minería' desconoce la complejidad de un territorio donde convergen procesos ecológicos, geológicos, sociales y económicos que requieren un análisis técnico y una visión de largo plazo”

Lo que ocurre bajo la superficie

Si bien la liberación de metales pesados en las fuentes hídricas es una de las consecuencias más alarmantes de la minería ilegal, Robinson Andrés Mancilla Estupiñán advierte que también es preocupante el camino que sigue esa agua dentro del ecosistema.

Según Mancilla, una porción importante del sistema hídrico no circula por ríos o quebradas visibles, sino por el subsuelo.

“Si el agua es el corazón de un páramo, el suelo constituye la estructura que hace posible su funcionamiento. Sin embargo, pocas veces el debate público se detiene a explicar qué sucede bajo la superficie cuando un territorio es intervenido”

Desde la Geotecnia Ambiental, explica, toda excavación modifica el equilibrio natural entre las rocas, el agua y el terreno.

“Toda excavación, ya sea superficial o subterránea, modifica el estado natural de esfuerzos del macizo rocoso. Dependiendo de las características del subsuelo, estos cambios pueden generar asentamientos, fracturas, procesos erosivos o modificaciones en la circulación natural de las aguas subterráneas”

Esto significa que los contaminantes liberados por el drenaje ácido no necesariamente permanecen donde se originan.

Foto: Banco de imágenes/ Universidad de Santander

El agua puede movilizarlos a través de fracturas, poros del terreno y acuíferos, alcanzando otros sectores del ecosistema.

Comprender ese comportamiento requiere integrar conocimientos de geología, geotecnia e hidrogeología, disciplinas que permiten anticipar cómo responderá el territorio frente a una intervención.

La diferencia entre intervenir y comprender el territorio

Las recientes evidencias sobre minería ilegal también ponen de relieve otro aspecto señalado por el investigador: la ausencia de estudios técnicos.

“La mayor diferencia entre la minería ilegal y una actividad sometida al marco institucional no radica únicamente en la existencia de un título o una autorización. La diferencia está en la aplicación de la ciencia, la ingeniería y el control ambiental. Cuando desaparecen los estudios técnicos, el monitoreo y la supervisión, aumentan significativamente los riesgos para el agua, el suelo, la biodiversidad y las comunidades que dependen de estos ecosistemas”

Por eso, explica, la ingeniería ambiental actual no se limita a intervenir el terreno. También busca comprenderlo antes de cualquier actuación. Modelos digitales, sensores, imágenes satelitales, drones y monitoreo hidrogeológico permiten identificar riesgos, evaluar el comportamiento del macizo rocoso y analizar el movimiento de las aguas subterráneas antes de que ocurra un impacto ambiental.

“La innovación por sí sola no garantiza la sostenibilidad, pero sí proporciona herramientas cada vez más precisas para prevenir riesgos, monitorear el comportamiento de los ecosistemas y fortalecer la toma de decisiones basada en evidencia científica”


Escrito por: Juliana Peña


Publicado en Comunicaciones

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